En el centro de los Dolomitas

La belleza de las vistas que nos rodean, la alegría del esfuerzo y el reto deportivo no son las únicas razones por las que amamos el ciclismo. Los Dolomitas, el silencio de los bosques y un grupo de amigos alrededor es todo lo que se necesita para llegar al núcleo de nuestra pasión. Una viaje gravel a través de la cuna montañosa de Italia con Rolling Dreamers.

La primera vez en mi vida que observé un diagrama de Venn fue hace muchos años y no tenía ni idea de lo que era, ni de cómo funcionaba, ni siquiera de que se llamaba así. Los círculos situados uno al lado del otro, y parcialmente superpuestos, mostraban algunas zonas compartidas y, en particular, una zona central en la que todos los círculos convergían en una especie de punto exacto. Fue precisamente ahí, en la zona de máximo solapamiento, donde se concentró el sentido del análisis. Si en el diagrama cada círculo representa un conjunto de valores, las zonas de solapamiento muestran cómo se relacionan los distintos conjuntos en un sistema determinado. Una vez que entiendes cómo leerlo, el diagrama de Venn es una forma curiosa y entretenida de centrarte en todas las posibles relaciones lógicas entre diferentes conjuntos.

Hace relativamente poco me topé con un diagrama de Venn en el que había cuatro frases relacionadas entre sí: "lo que amas", "lo que haces bien", "lo que el mundo necesita", "por lo que te pueden pagar". Lo encontré leyendo la reseña del libro de Héctor García y Francesc Miralles titulado El método ikigai. Los secretos de la filosofía japonesa para una vida larga y feliz, que se ha traducido a 63 idiomas diferentes. Parecía un diagrama interesante, y además todo el mundo aspira a una vida larga y feliz, yo incluido. En el centro de estos cuatro círculos, justo en el punto donde se superponían las distintas porciones, estaba escrita la palabra japonesa: ikigai. Me quedé muy intrigado.

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Aunque más tarde descubrí que algunos japoneses nativos son bastante escépticos sobre el uso exacto de la palabra —aparentemente poco utilizada en Japón— ikigai significa algo así como "cultivar pequeños placeres como resultado de una serie de elecciones conscientes". Profundizando un poco más en el concepto, me explicaron lo siguiente: si decides construir tu profesión como una síntesis de pasión, competencia profesional, misión y vocación, lo que resulta, en lengua japonesa, se llama ikigai. Desde un punto de vista más pragmático, si decides dejar de trabajar un par de días antes del fin de semana para dar un paseo en bici por los Dolomitas, eso también es ikigai

No han pasado ni tres horas desde que apagué el ordenador y salí de casa, en el abrasador valle del Po, hasta que he llegado al corazón de los Dolomitas, en el valle de Fiemme. He recorrido tranquilamente el valle del Adigio en coche y ahora me encuentro en Ziano, a casi 1.000 metros de altitud. Sin duda, la temperatura es más alta que la habitual en la zona, pero nada que ver con la ola de calor veraniega que atraviesan las llanuras.

A mi alrededor hay bosques, praderas verdes, paredes de dolomita de caliza gris y el arroyo Avisio, de corriente lenta, en el que algunos pescadores mueven perezosamente sus sedales en el aire. Aquí todo parece ir a otro ritmo, incluso el tráfico en la carretera fluye a una velocidad moderada. La ciudad está lejos y los Dolomitas se preparan para los meses de pleno verano.

Me he reunido aquí para un aperitivo vespertino en la cervecería Birrificio di Fiemme, lugar donde los chicos de Rolling Dreamers comienzan formalmente un evento ciclista de cinco días recorriendo los Dolomitas. El objetivo es pedalear en bicicletas gravel a la caza de caminos de tierra alternativos a las clásicas carreteras asfaltadas de los puertos dolomíticos. 

Al llegar a la cervecería me encuentro con mis siete compañeros de aventura: Anna, Sofia, Alessandro, Jason, Vittorio, Maurizio y Matteo. Estos dos últimos son los organizadores de estas jornadas y, por tanto, serán nuestros guías. Se trata de un viaje de prueba, con el objetivo de perfeccionar y verificar pistas y tiempos, en previsión de que Rolling Dreamers, una empresa italiana que organiza viajes en bicicleta, proponga estas rutas al gran público en el año 2023. Llegué un tanto apresurado, por lo que el aperitivo ya había comenzado con  música, cervezas, carnes y un par de lonchas de queso tan grandes como ruedas de bicicleta.

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Uno de los aspectos más interesantes de las aventuras ciclistas de Rolling Dreamers, con quienes ya he pedaleado otras veces, es el minucioso trabajo de organización que muestra cada detalle de la experiencia, desde la elección de hoteles o campings hasta la selección de pistas, pasando por la planificación del tiempo y la gestión logística. Matteo y Maurizio —este último vive en Val di Fiemme y hace de guía local en este caso— llevan meses planeando este viaje en bicicleta. Cuando mis compañeros y yo nos subimos al sillín para comenzar el primer día, con las pistas precargadas en nuestros navegadores, me doy cuenta que desde que salí ayer de casa no he hecho otra cosa que no sea relajarme, sin preocupaciones. Ya está todo organizado, sólo tengo que pensar en pedalear. 

Es plena mañana y no hay ni una nube en el cielo del Val di Fiemme. Estamos a mitad de semana y hoy debería haber estado trabajando delante de un ordenador. Es mi ikigai, lo que me ha traído hasta aquí y para mis compañeros de excursión, que llevan riendo y bromeando desde el desayuno, debe de haber ocurrido algo similar. Todos tratamos de escapar los últimos días de trabajo antes de las vacaciones de agosto, un clásico italiano. Estamos impacientes por irnos.

La mañana, tras recorrer un tramo de carril bici hasta llegar a las cascadas de Cavalese, prosigue por una amplia red de pistas de tierra que conducen hasta El pezo del Gazolin, un abeto monumental cuyo nacimiento se estima entre 1780 y 1798. Tiene un tronco de casi cinco metros de circunferencia. En definitiva, en la época de la Revolución Francesa y de la Campaña italiana de Napoleón Bonaparte, este árbol ya estaba aquí. No pudimos evitar darle un abrazo a este gigante.

Por la tarde nos dirigimos al puerto de Lavazè, siguiendo una hermosa subida panorámica de asfalto, no demasiado transitada, de unos diez kilómetros de longitud, que nos lleva hasta una altitud de 1808 metros. En invierno, el puerto de Lavazè, con sus pistas acondicionadas y su densa red de caminos forestales, es un centro de renombre para el esquí de fondo y el turismo deportivo. En verano, estas carreteras biancas sin asfaltar son perfectas para el ciclismo libre a través de bosques y pastos alpinos. A menudo, con el incomparable telón de fondo de los montes Catinaccio y Latemar, nos cruzamos con rebaños de vacas que nos observan desde los prados cercanos.

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De hecho, en el descenso, cuando no somos capaces de esquivar sus “tartas” dejadas en el suelo por nuestra velocidad, con consecuencias fáciles de imaginar para cualquiera que haya pedaleado al menos una vez en su vida por una pista llena de barro y con una bicicleta sin guardabarros, las vacas nos oyen gritar y nos miran con extrañeza. Pedaleamos sin darnos cuenta hasta el atardecer cuesta arriba, cuesta abajo y durante largos tramos en terreno llano. Al volver al hotel sólo hay tiempo para una ducha, cenar y charlar al aire libre al fresco de la noche.

En el segundo día de este viaje bajo a desayunar un poco antes que los demás para poder trabajar en el ordenador antes de volver a subirme al sillín. Ser fiel al ikigai está bien, pero el sentido del deber me devuelve al orden. Mientras estoy allí observo a lo lejos a Matteo y Maurizio que ya están organizando la furgoneta de transporte y el traslado de nuestro equipaje al siguiente hotel. Hay muchas cosas que, como organizadores de este viaje en bicicleta, tienen que hacer para que nuestro día sea lo más tranquilo posible. Nunca veo que paren ni un minuto. Pasión, profesionalidad, misión y vocación son los cuatro pilares en los que se basa su trabajo. Creo que el área en el que confluyen estas cuatro zonas representa su ikigai

Matteo en particular, a quien conozco desde hace años, dejó en suspenso su título de ingeniero y un doctorado para perseguir su sueño de fundar y hacer crecer su propia agencia de cicloturismo. Si hay una cualidad en él que aprecio de verdad, es su empeño en planificar hasta el último detalle de la ruta, el equipo, los tiempos y la logística para garantizar que cada momento del día de las personas a las que acompaña se convierta en una experiencia realmente única. 

La excursión prevista para ese día resultó ser increíble, como lo fue la de ayer y lo será la de los días siguientes. Tras remontar el Val di Fiemme hasta Predazzo, nos adentramos en el valle que forma el río Travignolo por un largo camino de tierra. Comienza siendo un pequeño sendero, pero luego se ensancha y atraviesa el bosque de Panaveggio, donde Antonio Stradivari solía venir a elegir la madera de abeto para sus extraordinarios violines. El paisaje dominante es el de los bosques y su silenciosa belleza.

La carretera sube sin cesar hasta el Passo Rolle, sin asfaltar salvo en el tramo final, y siempre entre la arboleda. Cada uno encuentra su propio ritmo y sube inmerso en sus propios pensamientos, lejos de la distracción de los coches y el ruido. Experimentar los Dolomitas de esta manera, sin la masificación de las carreteras y los vehículos a motor, es un verdadero redescubrimiento. La bicicleta de gravel en los Dolomitas abre un abanico infinito de posibilidades para quienes, además de pedalear rápido, aman explorar. 

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En Passo Rolle, con el Pale di S. Martino, la gran maravilla de los Dolomitas, como telón de fondo, deja sin aliento. Continuamos hasta Baita Segantini y es allí donde nuestro recorrido llega a su punto culminante, a la hipotética superposición de todos los círculos que lo componen: la naturaleza, el deseo de descubrir, el deseo de ponerse a prueba y el deseo de conocer a otras personas. Estos son los cuatro elementos que se entrelazan para formar el núcleo de mi pasión por el ciclismo. Mientras pedaleo por las últimas curvas de herradura de la pista de tierra que conduce a la Baita Segantini, con los Dolomitas literalmente rodeándonos y con mis compañeros de aventura pedaleando en silencio a pocos metros de mí, no puedo pensar en nada. Mi mente está despejada y tranquila. 

Tan solo escucho el sonido de mis pulmones, que se llenan y se vacían de oxígeno, y el ruido de las ruedas rodando sobre la grava. Los momentos vividos en el último tramo de subida antes del refugio y el almuerzo con amigos en un entorno de montaña sin igual, previamente a afrontar el descenso de Val Vengia por la tarde, permanecerán en mi mente durante mucho tiempo. Los días siguientes, todos igual de emocionantes y llenos de aventuras ciclistas difíciles de olvidar, no sólo serán especiales gracias a los Dolomitas y a la eficacia organizativa de Matteo y Maurizio. La razón, creo que se basa en que mi ikigai se ha resumido finalmente en una conciencia que ahora tengo perfectamente enfocada. 

Es por ello que he llegado a la conclusión de que la razón por la que amo el ciclismo es porque, ante todo, amo la naturaleza y a la gente con la que monto en bicicleta. Los vatios, el pulsómetro y el medidor de potencia, en estos caminos de tierra y en estas montañas, son cosas inútiles. Este es exactamente el tipo de aventura ciclista que todo el mundo debería encontrar el tiempo y el valor para hacer, al menos de vez en cuando.

Rolling Dreamers 

Esta empresa italiana nace del espíritu aventurero y explorador sobre la bicicleta. Con el único que objetivo de que disfrutes exclusivamente de tus rutas ciclistas, tanto si quieres participar en una excursión de varios días por la Toscana, recorrer la Vía Francígena hasta Roma, un viaje a medida en bicicleta fuera de Italia o unas vacaciones de aventura por los caminos de tierra de los Dolomitas. La idea que guía la creación de los recorridos de Rolling Dreamers en bicicleta mantiene siempre a las personas en el centro, atendiendo sus diferentes necesidades y características. Saben a la perfección lo que significa hacer un ciclo para conocerse y divertirse. 

Más detalles e información en: rollingdreamers.com

3T Exploro Ultra

Utilizamos una 3T Exploro Ultra para nuestra aventura en los Dolomitas. Fácil de manejas, versátil y cómoda incluso en los terrenos más abruptos, es la bicicleta perfecta para caminos forestales y senderos exigentes sin sacrificar el rendimiento en carretera para las subidas de montaña.

Optimizada con neumáticos de 56-61 mm, la Exploro Ultra amplía aún más el abanico de posibilidades del ciclista más allá del modelo Exploro Racemax, más suave. Con las 13 marchas del grupo Campagnolo Ekar y la sensación de flotabilidad de los neumáticos 700x45c, es posible rodar por terrenos muy escarpados, tanto cuesta arriba como cuesta abajo, sin perder la sensación de control fluido y avance.

Más información en: 3t.bike

FIZIK

Para las larguísimas jornadas sobre el sillín utilizamos las zapatillas Ferox de Fizik. Un modelo que demostró ser ligero, transpirable y polivalente. La comodidad se reflejaba tanto a la hora de pisar los pedales como en los tramos de marcha y porteo.

Más información en: fizik.com

*Contenido realizado en colaboración con Rolling Dreamers