Ibai Azurmendi: "Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para terminar mi primera Vuelta"

Hablamos con el corredor navarro del Euskaltel Euskadi sobre cómo está viviendo su debut en una carrera de tres semanas, tras un dificultoso y largo proceso de recuperación física y mental del Covid.

La historia de Ibai Azurmendi lo tiene prácticamente todo. Desde el sueño de un niño que quería ser ciclista vistiendo de naranja los colores del Euskaltel Euskadi, pasando por una carrera profesional a punto de truncarse como consecuencia del Covid, hasta un final feliz con un debut en la edición de La Vuelta de este año. Una auténtica montaña rusa, exactamente igual que las emociones que ha vivido en los últimos tiempos y estos últimos días este corredor nacido hace veintiséis años en Leitza, al norte de Navarra. 

Azurmendi es uno de los afortunados que en este 2022 debuta, ya no solo en La Vuelta, sino en una semana de tres carreras. Si este hecho de por sí ya supone pasar al siguiente nivel, un paso gigantesco, para cualquier ciclista, para él, además, significa una gesta que cuenta con los ingredientes de una gran historia: recuperación, sacrificio, trabajo mental y superación.

Veamos su historia. Este escalador de peso ligero venía firmando una carrera ascendente desde su llegada a la estructura de la Fundación Euskadi. En 2020 dio el salto al equipo Continental, pero con tan mala suerte que coincidió con el estallido de la pandemia a nivel global. El ciclismo mundial paró durante meses y muchas carreras se borraron del calendario. Sin embargo, este obstáculo no  iba a acabar con su sueño y en 2021 arrancó la temporada de la mejor manera: “Empecé con fuerzas en Italia, me recuperé de una caída y en Turquía me encontré muy bien”, comenta Azurmendi en la entrevista mantenida para VOLATA en la segunda jornada de descanso de La Vuelta 2022.

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Pero, de repente, todo iba a cambiar de manera inesperada. “El primer bache lo tuve en La Vuelta a Asturias. De repente exploté el primer día y no sabía las razones. Seguí en carrera, porque quería acabar como fuera pero forcé mucho la máquina y al llegar a casa, un martes, me desmayé”. No había razón aparente para este desvanecimiento, estando en reposo y descansando ya su domicilio, pero él sabía por dentro que algo no funcionaba como era debido después de sus sensaciones unos días atrás. “Llamaron a la ambulancia y vieron que una infección me había atacado al músculo del corazón, así que estuve ocho días ingresado. Fueron momentos de mucha incertidumbre”.

El corredor navarro bromea ante la cámara en en las primeras jornadas de La Vuelta 22 (Foto: Indomit Visuals)

Con determinación mental y física consiguió salir adelante y recuperarse. Tanto, que unos días después ya estaba de nuevo subido en la bicicleta y pensando en el ciclismo y en cómo seguir adelante con su carrera profesional. La amenaza del Covid, en 2021, todavía seguía estando muy presentes y a pesar de todas las precauciones, pero era muy complicado esquivar el virus y al ciclista vasco le tocó de pleno. Hay quienes lo pasan casi sin sintomatología, y hay otros, como se ha visto a lo largo de estos dos último años, son más propensos a sufrirlo de manera más intensa. Fue el caso de Azurmendi.

“Recuerdo que fui a la Vuelta a Portugal y quería hacerlo bien, ver dónde estaba en la general y buscar alguna etapa. Fue un viernes que subimos un puerto muy rápido y pasamos unos 35 en el pelotón, pero llegué a meta muy mal y al cruzar la línea me tiré al suelo mareado”, comenta como el preludio a lo que estaba por desatarse poco después. En aquella prueba lusa, donde siempre hay una alta competitividad, el del Euskaltel aguantó con los mejores también al día siguiente, pero sabía que no estaba todo en orden: “En la etapa del domingo me vino un bajón tremendo, me dolía mucho el pecho, tenía pinchazos y era algo muy raro. Bajé muy mal, llorando yo solo en un puerto y sin querer hablar con nadie. Yo ya sabía que tenía algo serio que me iba a condicionar el futuro”, explica en un relato que pone los pelos de punta.

Al deportista vasco le hicieron un electro en el hospital y le dejaron ingresado porque vieron que la troponina, que es una proteína, tenía unos valores totalmente anómalos e insospechados. “Había riesgo de que pasara algo serio”, asegura. Aquella madrugada le confirmaron su positivo en Covid-19, pero lo peor llegó después: “Estuve ocho días en casa con fiebre, apenas comía y cada día me salía algo nuevo, primero bronquitis, luego indicios de neumonía, me subía la fiebre y tenía miedo por el músculo del corazón por ver cómo iba a evolucionar”.

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En aquel momento, el ciclismo pasó a un segundo plano totalmente: “No pensaba en la bici, me daba igual, solo quería ponerme bien, y fue muy duro porque tuvo muchos altibajos”. Incluso más adelante, cuando pudo montarse de nuevo sobre ella, aquella relación no funcionó como antes: “Llegué incluso a coger asco a la bici, porque veía que solo era una herramienta para sufrir”.


El corredor navarro por detrás de Primoz Roglic, maillot rojo, y Sam Bennett, maillor verde, en la etapa con salida en Irún de La Vuelta 22 (Foto: Tim de Waele/Getty Images)

Fue entonces cuando pidió ayuda todo. Él supo pedirla y la encontró de manera incondicional. Jorge Azanza, el director deportivo del Euskaltel Euskadi, le recomendó un psicólogo deportivo y haber dado ese paso es algo que Azurmendi jamás olvidará: “No sé por qué hay todavía un tabú con los psicólogos, pero yo recomiendo a todo el mundo que acuda y lo pruebe. Yo traté con uno y me ayudó de forma brutal. Tienes que poner mucho de tu parte, pero te da herramientas para saber gestionar la situación”. Y mientras tanto, en su equipo, lejos de apretarle y exigirle una pronta recuperación, el mensaje fue siempre de calma: “Solo tengo palabras de agradecimiento para el equipo”, dice todavía emocionado el corredor navarro. 


No solo por parte del psicólogo y de la propia estructura de Euskaltel encontró apoyo, sino que también ciclista como Mikel Landa y Mikel Nieve estuvieron muy encima de él y siguieron sus evoluciones muy de cerca. Fueron mensajes de ánimo y llamadas que a Azurmendi le suponían una gran ayuda.

Y así, poco a poco, este ciclista fue saliendo del pozo. Sus problemas físicos fueron pasando a un segundo plano y los mentales siguieron el mismo camino. Desde aquellos problemas tardó dos meses en volver a completar más de 100 kilómetros sobre la bicicleta, pero cuando lo consiguió, aquel día fue una de las personas más felices del mundo: “Disfruté, iba acelerado, no callaba con la gente de la grupeta e iba alterado”, dice con la sonrisa y el buen humor que caracteriza a este navarro.

Así llegó a 2022. Con mucha más madurez, no solo como corredor, sino como persona, y muy fuerte en el plano mental. Tenía claro cuál era su gran objetivo e iba a pelear por ello sin tregua: correr su primera gran vuelta. Con el punto de mira puesto en agosto y en La Vuelta, apareció primero en la preselección del equipo y después en el ocho final de los naranjas. Recuerda ese momento con una ilusión tremenda que se desbordó en todo su cuerpo y ahora nos cuenta cómo está experimentando su debut en una competición de este nivel por primera vez en su vida.


Azurmendi lidera del Euskaltel Euskadi en la primera etapa de La Vuelta en Utrecht (Foto: Sprint Cycling / Unipublic)

“Estoy viviendo todo tipo de momentos, porque he tenido días muy bonitos y especiales y otros más duros, pero siempre tengo en mente que soy un privilegiado”, dice el ciclista del Euskaltel Euskadi en el día de descanso previo a la contrarreloj individual entre Elche y Alicante que abrirá la segunda semana de competición. “Cambia mucho el nivel de una carrera World Tour, ya solo por el ritmo medio que hay, que es muy superior, y eso se nota”.

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Azurmendi, que también destaca la cercanía y la simpatía de grandes hombres del pelotón como Primoz Roglic, Rigoberto Urán o Esteban Chaves, ha sido protagonista en esta Vuelta y no está pasando ni mucho menos desapercibido. Sabe que, aunque no sea fácil, tiene que intentar destacar. Lo hizo en la quinta etapa, en un día muy especial camino de Bilbao, en una jornada en la que la victoria brillante fue para Marc Soler. Aquella etapa hubo muchísima batalla para formar la escapada: “Sí, fue un día durísimo y muy bonito a la vez, hasta el kilómetro 90 no se hizo la fuga y yo pude entrar desde detrás con Impey, Caicedo y Delaplace, que arrancamos desde el pelotón cuando estábamos a 30 segundos de cabeza de carrera. Pude entrar y estar en la fuga representando al equipo y en casa fue algo muy especial”.

Aquel día, el ciclista naranja protagonizó una de las imágenes icónicas ya de esta Vuelta 2022. Se pasaba dos veces por el Alto del Vivero. En la primera ascensión, “bastante tenía con ver la carretera”, afirma con buen humor, porque iba a pleno esfuerzo con los mejores del día; pero en el segundo paso, ya iba descolgado así que pudo disfrutarlo mucho más. Allí, en la cuneta y detrás de las vallas publicitarias, apareció su madre animándole. A él, que le pilló de sopetón, le salió del alma un gesto que no pudo evitar. Hizo una breve pausa de apenas un segundo, le dio un beso y reemprendió la marcha: “Fue una sorpresa, no sabía que iba a estar ahí y me salió hacer ese gesto, ella ha sufrido tanto como yo y ha estado a mi lado ayudándome”.


Lo que ha venido en los últimos días, con Pico Jano, Fancuaya y Les Praeres, han sido auténticas torturas para sus piernas. El esfuerzo más reciente, las rampas por encima del 20% de Les Praeres, a él le gustan: “Tampoco me parecen mal, hay que tener una Vuelta variada para todo tipo de corredores y a algunos les gustará más que a otros, pero la organización mete rampas de todo tipo —comenta—. Yo subí como pude, como si no hubiera un mañana”.

¿Y cómo ve al Euskaltel Euskadi en el segundo bloque de La Vuelta?: “Creo que para nosotros, esta parte se adapta mejor y el terreno juega un poco más a nuestro favor. Hasta ahora ha entrado gente de primera línea en la fuga pero nos vamos a desenvolver bien. Yo intentaré recuperar el nivel y sensaciones para aportar lo que pueda al equipo”, comenta sobre un Euskaltel al que al navarro ve muy sólido como conjunto: “Estamos todos a una, nos distribuimos bien e intentamos meter cada día al hombre indicado. Jorge nos anima y él sabe que vamos a darlo todo”.

Azurmendi ve la carrera explotando el penúltimo día en la sierra de Navacerrada así que cree que habrá batalla por la clasificación general hasta el final, pero, en su caso, su batalla se centra en mirar a lo más inmediato para no cebarse con una competición tan larga: “No pienso en nada, solo en descansar y en mirar la hora a la que salimos al día siguiente —comenta entre carcajadas—. Espero acabar y llegar a Madrid, y voy a hacer todo lo que esté en mi mano”.