Dibujando Euskadi con alforjas y esencia urbanita

Si algo nos permite el ciclismo es trazar viajes sobre un territorio como quien esboza una aventura sobre un lienzo. Euskadi permite imaginar tantas rutas que siempre es de gran utilidad partir de una guía, como The Basque Route, pensada para el bikepacking, y siete rutas circulares en las tres capitales vascas. 

Las características de su terreno convierten a Euskadi en uno de los territorios más apetecibles para rodar en bicicleta. Gracias al punto de vista privilegiado que nos ofrece el ciclismo, los contrastes de este territorio tan variado se acentúan, descubriendo ciudades cosmopolitas, pueblos pesqueros o enclaves medievales en una constante simbiosis entre la escarpada costa, la montaña y el altiplano alavés. 

Las opciones son múltiples y ninguna decepciona, pero nos hemos propuesto descubrir uno de los territorios ciclistas más importantes del mundo desde dos perspectivas: a través de una aventura de largo de recorrido de bikepacking, o el ciclismo de alforjas, y de rutas circulares con una base mucho más urbanita en las capitales vascas a modo de píldoras para consumir a discreción.

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The Basque Route, un lienzo casi infinito

La primera etapa de esta propuesta de bikepacking de más de 750 kilómetros y 10.400 metros de desnivel positivo conecta Bilbao con Lekeitio a través de la costa de Bizkaia. El Mar Cantábrico se abre paso como telón de fondo en un terreno ondulado con un paisaje marcado por los islotes, los acantilados, los pueblos pesqueros, las ascensiones de Jata y el Mirador de San Juan de Gaztelugatxe y la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. La diversidad paisajística de este paraje natural es la acompañante principal al paso de la ruta por la localidad de Gernika-Lumo camino de Lekeitio, la primera parada del recorrido.

San Juan de Gaztelugatxe ofrece una magnífica instantánea desde su mirador, en el que se puede observar la escalinata que asciende hasta la ermita

La brisa marina mantiene su protagonismo en la etapa más corta de The Basque Route (81 km) al mismo tiempo que se coquetea con la Euskadi verde. Esa en la que el contraste entre la montaña y el mar se hace más evidente y en la que los caseríos aparecen esparcidos de forma solitaria en un manto de intenso color verde antes de adentrarse hacia el desafiante Alto de Azurki, con rampas de hasta el 16%. Tras una pausa para comer en Azpeitia, la travesía regresa al Cantábrico por el valle del río Urola hacia Zumaya. El avistamiento de una colina con forma de ratón, en Getaria, es la señal de que la segunda etapa está terminando. 

Vista del Monte de San Antón, conocido como el Ratón de Getaria por su forma de roedor

Hemos llegado a Zarautz y se ha producido el trasvase entre Bizkaia y Gipuzkoa. La tercera jornada se encamina hacia San Sebastián tras 83 kilómetros (+1.358 m), pero bordea por los pueblos interiores de Hernani, Astigarraga y Oiartzun en busca de Hondarribia y la subida a Jaizkibel (1o km al 4,5%). El puerto es una delicia cicloturista, y un reclamo como seña de identidad de la Klasikoa. Ahora sí, la playa donostiarra de La Concha nos aguarda.

En la cuarta etapa, la ruta se despide del paisaje marítimo y deja paso a los prados y los hayedos del centro de Álava. Ya en Vitoria-Gasteiz podremos apaciguar nuestro apetito degustando alguno de los platos típicos, como el cocido vitoriano, a base de alubias. Desde allí, en la quinta etapa se descubre una Euskadi que huye de los tópicos, rodando a través de amplios campos de cereal y un mar de viñedos mientras regresa el terreno escarpado con subidas como la de Opakua (7,8 km al 5,4%). 

Los viñedos son los grandes protagonistas durante el transcurso de la ruta por le rioja alavesa

El destino es la villa amurrallada de Laguardia, que permite perderse entre sus callejuelas y rincones con aroma medieval antes de reprender la marcha camino de Orduña. Por delante, la etapa más larga del recorrido (141 km), que comienza con la ascensión al bonito puerto de Herrera (5,6 km 8,3%), con una recta que se mantiene en torno al 14%. Este sexto día se adentra también en un singular paisaje en las salinas de Añana, una de las fábricas de sal más antiguas del mundo con más de 6.500 años de historia documentada. 

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Antes de regresar a Bilbao, la ruta se desvía por Las Encartaciones. Sin duda, un terreno para perderse y extraer la versión más exploradora antes de afrontar el último tramo del recorrido. Siguiendo la orilla de la ría de Nervión a través de Santurtzi, Portugalete, Sestao y Barakaldo nos reencontramos de nuevo, tras siete días, con el casco histórico de Bilbao. 

Barco pesquero volviendo de faenar a través de la ria de Nervión a su paso entre Portugalete y Getxo

El octavo segmento de esta propuesta une Lekeitio con Vitoria-Gasteiz. Se trata de un enlace alternativo para quien disponga de menos días. En este caso, la aventura no transcurre por las dos etapas guipuzcoanas, sino que se adentra en el interior camino de la capital vasca. Aun así, el recorrido tiene su miga y un atractivo particular, pues contiene una pequeña sorpresa con el ascenso a uno de los puertos más famosos de Euskadi: Urkiola y sus seis kilómetros por encima del 9%.

Más información y detalles sobre esta ruta en este enlace: https://turismo.euskadi.eus/es/rutas/the-basque-route/aa30-12379/es/

Siete trazos circulares con esencia urbanita

Otra de las opciones para descubrir Euskadi desde una mirada ciclista es montar el campamento base en una de las tres capitales de provincia para aunar deporte y turismo. Desde Bilbao podemos adentrarnos en dos visiones opuestas de Bizkaia: la de interior (Bi1) y la de costa (Bi2). La primera, la Vuelta a Orduña, es la que más se asemeja a una posible jornada de la Itzulia, con poco menos de 170 kilómetros y cerca de 2.100 metros de desnivel acumulado. La ruta nos dirige hacia el municipio de Orduña, donde nada más cruzar sus calles comienza su puerto homónimo (8 km al 7,5 %). En la Bi2, el terreno rompepiernas de la costa bizkaina supone un constante frenesí de subidas y bajadas en 131 kilómetros y 1.500 metros de desnivel. El paisaje de vuelta se convierte en una instantánea marcada por los abruptos acantilados y la presencia del mar.

En Vitoria tenemos la oportunidad de disfrutar de un recorrido sereno y pausado sin apenas dificultad bordeando el embalse de Ullíbarri-Gamboa (VG1). Se trata de un entorno tranquilo, sin la concentración de puertos característicos en Euskadi. Sin embargo, la Vuelta a Herrera (VG2), rozando los 2.000 metros de desnivel, recupera esa esencia quebrada a través de carreteras alejadas del tráfico y en el que los contrastes de los verdosos bosques de la cornisa cantábrica se fusionan con los tonos ocres de los viñedos de la Rioja Alavesa. 

Por su parte, las propuestas para descubrir Gipuzkoa tienen cierto paralelismo a las de Bizkaia. Hacia el este de San Sebastián nos espera una ruta sinuosa de tinte marítimo que nos dirige al ratón de Getaria (DSS). El regreso a la ciudad de La Concha se produce por la vertiente de Orio del macizo de Igeldo, con rampas de hasta 14%. La segunda alternativa (DSS2) nos plantea un interesante recorrido de 131 kilómetros (+1.850 m) en la frontera con Navarra, muy similar a la Mussara Donosti. La ruta tiene una gran capacidad magnética por la frondosidad de los bosques y la vegetación de la sierra de Aralar. Te atrapa. Sin duda, se trata de un terreno que respira ciclismo, con una amplia y fuerte relación con la bicicleta.

Para los amantes de los retos montañosos la subida a Arrate, en Eibar, se convierte en una visita obligada (E1). Hablar de la ciudad armera es hablar de su estrecho vínculo con el ciclismo y, por supuesto, de la histórica Bicicleta Eibarresa y del icónico santuario de Arrate. Estos ingredientes componen una ruta con auténtico sabor ciclista acumulando cerca de 2.700m positivos. El escenario de este desafío se centra en dos referentes como el Monte Oiz y Arrate. La primera subida supone una constante lucha mental entre la seducción de sus vistas y la dureza de sus rampas por encima del 20% sobre hormigón. 

Es una propuesta opcional, pues habría que deshacer el camino antes de dirigirse de nuevo a Eibar. Allí comienza Arrate (6,4 km al 7%), un mito por su fuerte relación con el ciclismo profesional y una de las cimas más transitadas por los cicloturistas. Una subida bonita, retadora, plagada de zonas de sombra y que corona en el llamado alto de Usartza antes de adentrarse en las rápidas curvas descendentes que conducen al santuario.

Los tres grandes de Euskadi

Que la montaña, las colinas y las ondulaciones persistentes forman parte de la identidad ciclista de Euskadi es indiscutible. En los últimos años, el imaginario colectivo asocia este territorio a subidas icónicas como Arrate o Jaizkibel, que han ido ganando protagonismo a través de innumerables apariciones tanto en la Itzulia como en la Klasikoa. Sin embargo, existen tres puertos clásicos cuya escasa relevancia en carreras profesionales en la última década no ha opacado su brillo ni su misticismo entre los locales y los cicloturistas. Son los denominados como las tres joyas o los tres grandes de Euskadi: Orduña, Herrera y Urkiola.

Se trata de tres ascensiones que incluso se podrían catalogar de indispensables. El primero de ellos, Orduña —entre los límites de Bizkaia y Burgos—, fue uno de los pasos recurrentes de La Vuelta durante los cincuenta y sesenta, pero tan solo ha aparecido en el recorrido de la ronda española en dos ocasiones desde 2012 y en la Itzulia no lo hace desde 2015. La ausencia de Herrera es todavía más prolongada, pues hay que remontarse a la temporada 2009 mientras que las duras rampas de Urkiola fueron protagonistas por última vez en 2011.

A pesar de estar alejados de los principales focos, continúan siendo uno de los grandes atractivos ciclistas de Euskadi. Por ello, ambas propuestas, tanto The Basque Route como las rutas en el entorno de las capitales vascas, nos permiten disfrutar de su esencia. La ascensión de Orduña es un desafío seductor, pues aunque la media en sus 8 kilómetros se mantiene en el 7,5 %, varios tramos superan porcentajes del 10 %. Estos porcentajes se encuentran también en la carretera que lleva a la cima de Herrera (5,6 km 8,3%), convirtiendo al puerto en un auténtico reto cicloturista con una panorámica preciosa del valle del Ebro. Por último, las desorbitadas rampas que fueron el escenario de la histórica clásica Subida a Urkiola.

Más información sobre la oferta cicloturista de Euskadi Cycling en: turismo.euskadi.eus/es/

*El reportaje completo lo podrás leer próximamente en la revista VOLATA

 

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