Crónica de un viaje a Flandes: una experiencia "flandrien"

Conocemos la experiencia de los dos suscriptores a VOLATA que recorrieron los tramos adoquinados y los míticos 'muurs' que nos acompañan durante los meses de primavera. Un viaje a Flandes previsto hace tres años, pero que la pandemia truncó hasta que se pudo hacer realidad durante el pasado mes de noviembre. 

Bélgica y Flandes representan lo que cualquier amante de la bicicleta puede desear: espectáculo, épica, tradición, pasión. Y, una vez las descubres en primera persona, realmente no decepcionan.

Viajamos al corazón de Flanders a pocos días del inicio del Mundial de fútbol y uno podría pensar que el deporte rey ocuparía toda la atención mediática. Además, este 2023 habían muchas esperanzas depositadas sobre los diablos rojos —como se conoce popularmente a la selección belga—, pero pudimos comprobar que el deporte de las dos ruedas está presente en todos los rincones, conversaciones y detalles que teníamos a nuestro alrededor y que ganaba al fútbol por goleada. 

Pasamos la primera noche en un hotel en medio de la campiña flamenca: el Flandrien Hotel, situado en Parike, Brakel, un alojamiento regentado por el belga Bernard Moerman y el australiano Jamie Anderson. Ahí empezamos a entender lo que representa este deporte, capaz de movilizar a todo un país. El hotel está decorado con motivos ciclistas, como el enorme cuadro de Eddy Merckx que había en nuestra habitación.

Cuadro con una ilustración de Eddy Merckx vistiendo el maillot arcoíris en la habitación del hotel.

Al día siguiente, Flandes nos recibe con un tiempo típicamente flamenco, es decir, cielo gris, viento, y una llovizna suave y constante que nos da los buenos días. Pero eso no nos detiene ante el primer objetivo del día: hemos venido a pedalear todo lo que podamos y conocer alguno de los lugares más icónicos de la cultura ciclista de Flandes, así que preparamos las bicis, la ropa y la mente para una mañana que se prevía dura y emocionante a partes iguales. 

Salimos de Parike en dirección de a nuestro primer hito de la jornada, el muur de Geraardsbergen, el famoso Kapelmuur, que ha sido protagonista en muchas ediciones del Tour de Flandes. 

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Después de unos 15 kilómetros de carreteras suaves a través del sur de Flandes, llegamos a una de las ascensiones más famosas en el imaginario ciclista. Se trata de una subida dura y constante desde sus primeras rampas, tornándose casi imposible cuando el asfalto deja paso a los adoquines, y aún más difícil cuando éstos están repletos de hojas húmedas. Tiene una longitud de 910 m y una media del 9% con tramos de hasta del 20%.

Tras esta intensa introducción, nos dirigimos a Oudenaarde, lugar en el que nos espera la parte central de la jornada con el encadenado mítico de muurs como Koppenberg, Kwaremont, Molenberg y Paterberg, y tramos llanos de adoquines como el Paddestraat. Algunos de estas subidas forman parte del Flandrien Challenge, un reto local en el que se van coleccionando hasta 59 muros y segmentos de pavé en tu perfil de Strava. Si los consigues completar todo en menos de 72 horas, puedes reclamar que inscriban tu nombre en un trozo de pavés y que forme parte del "Wall of fame" del Ronde van Vlaanderen Centrum, el centro de interpretación del Tour de Flandes, en Oudenaarde. 

Después de pedalear durante 85 kms y más de dos horas bajo la lluvia, Estest y yo nos damos por satisfechos y tomamos la carretera de vuelta al Flandrien Hotel.

Tras una reconfortante ducha caliente y algo de comida, tenemos nuevos planes. Nos trasladamos en tren a Gante donde nos espera una noche muy interesante con una de esas experiencias únicas que sólo se pueden vivir en Bélgica: los Seis Días de Gante. 

Abrimos la tarde-noche con un autoregalo local: unos mejillones con patatas fritas para, acto seguido, dirigirnos al Kuipke, el velódromo de Gante donde se celebran los Seis Días de Gante, la mítica prueba de ciclismo en pista. Habíamos visto centenares de videos y fotos de este lugar imponente y bullicioso, así que teníamos mariposas en el estómago solo de pensar en que podríamos disfrutar del ambiente y el espectáculo como espectadores. También es un lugar especial para muchos aficionados al ciclismo, pero fue el escenario en el que tristemente falleció el ciclista Isaac Gàlvez en 2006, así que la visita era de algún modo una forma de rendirle homenaje.

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Cuando llegamos, nos encontramos un velódromo lleno hasta la bandera. Era imponente. Sin duda es, como siempre recuerda Iban Vega, del blog Joan Seguidor, “la Bombonera del ciclismo”. Era una jornada especial: el Kuipke se ha vestido de gala para despedir a uno de sus mitos, Iljo Keisse, y el público coreaba como una sola voz “¡Iiiiiiljo!, ¡Iiiiiiljo!”. Lo pasamos en grande viendo la competición, que regamos con cervezas belgas y salchichas, como no podía ser de otra manera. Tras cinco horas en el templo de la pista, estábamos agotados así que decidimos que era hora de retirarnos.

Nos vamos satisfechos con los kilómetros rodados, con nuestra experiencia flamenca, con la suerte de haber formado parte de los Seis Días de Gante y, sobre todo, de habernos sumergido en la cultura de un país que respira ciclismo allá donde vayas. ¡Flandes bien se merece una escapada!

*Gracias a Turismo de Flandes por su colaboración en hacer realidad este viaje.