Una vuelta a casa distinta - La Mirada Maté

Añadir 1.000 km a las piernas tras completar los más de 3.000 km de la Vuelta a España ha sido una buena paliza para llegar a casa, en Marbella, pero ha resultado una experiencia extraordinaria. Volvería a repetir "La vuelta de La Vuelta".

Una de las sensaciones más bestiales que puede experimentar un ciclista profesional a lo largo de su carrera es la de volver a casa tras terminar una gran vuelta por etapas: es una bofetada de realidad. Durante las más de tres semanas que estás en ruta, entras en una dinámica muy concreta que consiste en correr, comer, dormir, correr, comer, dormir... Así, cada día. A lo que se le añade la tensión propia de estar en competición, los momentos malos, los estados de nerviosismo y lidiar con la violencia que suponen las caídas, las peleas dentro del pelotón por la posición, el estrés... Para sobrevivir a todo ello, te vuelves un poco autómata y el cuerpo entra en modo supervivencia con el único objetivo de optimizar el descanso y conseguir el máximo rendimiento a pesar de las circunstancias. 

Pues bien, cuando acabas una gran vuelta, de un día para otro se terminan los horarios, las rutinas y el trato preferente, es decir, que te lo den todo hecho. En la Vuelta, por ejemplo, cuando llegas al desayuno, solo tienes que pedir cómo quieres que te hagan la tortilla; en los avituallamientos, te dan bollitos de arroz o pequeños bocadillos ya preparados, y, cuando terminas la etapa, en el bus te espera el recovery ya listo y la merienda. A la hora de la cena, lo mismo: no tienes que preocuparte por nada. Nos tratan como a señoritos. Una vez en casa, todo eso desaparece de un plumazo y pasas unos días desubicado. A veces, no recuerdas ni dónde están las cosas. Es una sensación extraña que no es fácil de digerir.

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Sin embargo, La vuelta de la Vuelta me ha permitido seguido pedaleando y el reencontrarme progresivamente con sensaciones, como la necesidad de volver a tener que buscarme, literalmente, las papas. Eso ha hecho que, sin haberlo planeado, haya hecho una transición menos violenta hacia la realidad. Me he metido una buena paliza, eso sí, porque no han dejado de ser 1.000 kilómetros más en las piernas y a lo largo de seis jornadas intensas de pedaleo, pero creo que es el año que mejor lo he digerido todo mejor, incluso a nivel físico, ya que me he encontrado muy bien, a pesar de notar el cansancio acumulado. Eso sí, eso no me libré de un día de pájara.  

Fue uno de los momentos en los que decidimos acortar el camino y desviarnos de la ruta marcada. Yo iba bastante fastidiado y noté de golpe toda la fatiga. Quizás no bebí bien ese día, no sé. Nos miramos el mapa, y vimos que la aplicación Komoot —que es la que hemos usado para trazar la ruta entre Santiago de Compostela y Marbella— nos desviaba hacia una zona que debía de ser preciosa, porque era un parque natural, pero como yo iba tocado, decidimos tomar una carretera regional y superar ese tramo de unos 30 km de una forma más directa.

Reconozco que ese día tuve miedo de no completar la etapa, porque hacía mucho viento y aún quedaban 160 kilómetros. Pero mi compañero Antonio —con que el hemos completado juntos esta aventura— me ayudó mucho, me acompañó y me tranquilizó. Buscamos un sitio para comer: nos comimos sin prisa unos caracoles y pollo a brasa, bebí mucha agua —perdí la cuenta de cuántas botellas me tomé— y pude recuperar. Pero a parte de este momento y otro en el que se nos hizo tarde, hemos intentado ser fieles a la ruta que nos marcaba lo dibujado por Komoot, porque queríamos descubrir las sorpresas que nos deparaba la aplicación. Nos ha metido por sitios espectaculares, como una vía verde por la sierra norte de Sevilla preciosa, que ha sido uno de los descubrimientos de la ruta.

Sin duda, esta vuelta de La Vuelta ha sido un reto a todos los niveles. A pesar de que llevo años haciendo aventuras de gravel y de backpacking, nunca había enlazado tantos días seguidos, con todo que conlleva. Sin embargo, a nivel de logística lo solucionamos bastante bien y completamos el recorrido cargando con lo mínimo y necesario, que es lo más importante cuando haces tantos kilómetros, y también nos hemos alimentado correctamente —con algunos caprichos también— para superar una media de 200 km diarios. 

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Otro aspecto con el que me quedo de esta aventura es que, como ha tenido tanta repercusión en los medios de comunicación más allá de los deportivos, mucha gente ha sabido de este viaje y si nos veían en la carretera se paraban con el coche para saludarnos o algunos ciclistas nos acompañaban un rato. Ha sido muy bonito y estamos muy agradecidos del seguimiento que ha tenido y del cariño recibido. 

El hecho de haber pasado tantas horas sobre la bici también me ha permitido analizar mejor todo lo que ha pasado en las últimas semanas: he pensado mucho en La Vuelta, en el equipo, en las decisiones que he tomado este año, en cómo me encuentro… Y también en ideas nuevas, proyectos... Es muy importante tener tiempo para reflexionar, para reencontrarte a ti mismo, para volver a disfrutar del ciclismo de otra manera y dejar de ser un autómata. He disfrutado cada minuto y lo volvería a hacer, porque ha sido una experiencia extraordinaria.

Podéis recuperar el resto de las etapas La vuelta de La Vuelta en Komoot. 

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